Recién inaugurado ubicado en Parque Lira 94, recrea espacios emblemáticos de algunos protagonistas de la literatura mexicana.
CIUDAD DE MÉXICO, 29 de diciembre.- La recreación de dos espacios destacan en el nuevo Museo del Escritor: la oficina del narrador y editor Edmundo Valadés (1915-1994) y la sala de juntas del mítico Centro Mexicano de Escritores, con la mesa donde sesionaron en su momento Francisco Monterde, Juan Rulfo, Jorge Ibargüengoitia y Juan José Arreola, entre otros.
En el área dedicada a Valadés, se aprecia el escritorio y la máquina donde el cuentista confeccionó su máxima obra, La muerte tiene permiso, que publicó en 1955. Además de su teléfono, lucen su saco y su boina, algunos de sus libros, una fotografía, sus lentes, su cartera con documentos y hasta dinero, su pasaporte y tres caricaturas del sonorense.
Y la sala del Centro Mexicano de Escritores reúne libros, fotografías y objetos personales de los fundadores y becarios de este organismo que durante 50 años convocó y ayudó a unos 300 artistas de la pluma a realizar sus sueños de crear y publicar una obra.
Así, los libros, caricaturas y una tarjeta de Francisco Monterde (1894-1985), cohabitan con los poemarios de Alí Chumacero (1918-2010), los 12 ejemplares de la revista Mester, creada y dirigida por Arreola hacia 1940, que costaban tres pesos cada uno, y los lentes y la pipa de Carlos Montemayor (1947-2010).
Los muros de esta zona invitan a realizar un viaje a través del tiempo, al sorprender con fotografías de los jóvenes Emmanuel Carballo, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Silvia Molina, Jaime Sabines, Elena Poniatowska, José Agustín y María Luisa Mendoza, por citar sólo algunos.
Ubicado en el Faro del Saber Bicentenario, en la delegación Miguel Hidalgo, este recinto impulsado por la Fundación René Aviés Fabila, que recibió este espacio en comodato, ofrece al visitante unos 500 objetos personales, cartas, libros dedicados, fotografías, caricaturas y documentos de escritores de diversos países, sobre todo iberoamericanos, que abren una ventana a su vida íntima.
“Se exhibe sólo el 30 por ciento del acervo. Es un primer paso. El próximo año planeamos abrir en el segundo piso la biblioteca especializada en literatura de Avilés Fabila (unos 30 mil títulos) y complementar la oferta con talleres literarios, seminarios, presentaciones de libros, proyección de películas y visitas guiadas para los estudiantes”, explica Mario Saavedra.
El director de Fomento Cultural de la demarcación, que inauguró el museo el pasado 6 de diciembre, detalla que la inversión inicial ha sido de unos 900 mil pesos y que durante todo 2011 se preparó la museografía y la selección del acervo que se mostraría en primera instancia. “Nos falta instalar el equipo de la parte multimedia que hará más interactivo el espacio. Aprovecharemos estas semanas para que en 2012 ya luzca como se concibió”, adelanta.
Por lo pronto, el recorrido se agranda a cada módulo, pues el visitante tiene la opción de leer poemas escritos en los muros, cartas y tarjetas de los autores, su biografía, las dedicatorias escritas en los libros o simplemente contemplar los objetos.
Destaca una pared que muestra 36 fotografías, caricaturas y grabados de diversos escritores, como el grabado que José Luis Cuevas le hizo a Rimbaud, o el que Jesús Álvarez Amaya dedicó al poeta Pablo Neruda; todos publicados en el suplemento cultural El Búho de Excélsior.
Entre los objetos que se muestran son dignos de mención una grabadora de carrete del dramaturgo Rodolfo Usigli, que conserva su voz; las máquinas de escribir de Juan de la Cabada, Rafael Solana y Gustavo Sáinz; una copia de la carta que escribió Jaime Torres Bodet el día que se suicidó, el 13 de mayo de 1974; nueve copias de grabados de Doré; unas 13 ediciones de El Quijote, de Miguel de Cervantes; el pasaporte de Elena Garro y una foto en la que aparece al lado de su hija, Helena Paz, niña; y un ejemplar de la cuarta edición de El laberinto de la soledad (FCE) del Nobel Octavio Paz.
Sobresale también la vitrina dedicada al estadunidense Edgar Allan Poe (1809-1849), con una rara edición del cuento Mesmerism firmada por el maestro del relato de terror, una taza con su efigie y la traducción al francés de sus Historias extraordinarias, hecha nada menos que por el poeta maldito Charles Baudelaire (1821-1867).
Queda por definir cada cuándo renovarán el guión museográfico para mostrar poco a poco las mil 500 piezas de 250 escritores que la Fundación René Avilés Fabila ha reunido desde hace ocho años.
¿Dónde y cuándo?
El Museo del Escritor, ubicado en la planta baja del Faro del Saber Bicentenario, en Parque Lira 94, colonia Observatorio, reabrirá sus puertas a partir del 2 de enero, todos los días de 10 a 18 horas. La entrada es gratuita.