Cortesía de: Guillermo Cárdenas Guzmán | El Universal
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¿Desea dar un regalo original a los niños en esta temporada? Los objetos y juguetes educativos ayudan a mejorar capacidades y fomentan el aprendizaje
Incluir en su carta a los Reyes Magos una calculadora junto con su muñeca favorita parece inusual en una niña como Mily, que a sus cuatro años aún no ha entrado a la primaria. Pero para sus padres, investigadores de la UNAM, la petición no resulta sorprendente.
Conscientes de la influencia de su trabajo y los consejos de los pedagogos, la bióloga María Emilia Beyer y el físico Miguel Alcubierre están convencidos de que regalar un juguete educativo, sea con la meta de despertar vocaciones científicas tempranas o para proveer un entretenimiento original, puede ser intelectualmente muy estimulante para un menor.
Esto lo han documentado cientos de estudios psico-pedagógicos en el mundo: regalar un objeto que dé distracción y a la vez fomente el interés por el aprendizaje o el conocimiento científico puede ayudar a superar deficiencias educativas, así como aportar beneficios a la formación emocional y cognitiva infantil.
“Una adecuada estimulación intelectual (con juegos como rompecabezas, equipos de laboratorio de juguete, etc.) incrementa las capacidades intelectuales y socio-emocionales no sólo en el corto plazo, sino durante toda la vida de las personas”, ha expresado el psicólogo Theodore Wachs, de la Universidad de Purdue en Illinois (EU).
El profesor Watch difundió en un artículo en la revista The Lancet (2007) un estudio sobre los factores que contribuyen al precario desarrollo de más de 200 millones de menores en los países no avanzados. Encontró que sólo entre 10 y 41% de los padres proveen a sus hijos materiales estimulantes como los citados.
Más interacción
En el estudio Formación infantil, factores de riesgo para resultados adversos en países en desarrollo, Watch también constató que el porcentaje de padres que se involucraron directamente con sus hijos en actividades apoyadas con juegos o juguetes educativos fue más bajo: sólo entre 11 y 33%.
En el ámbito educativo formal, las cifras para el mundo en desarrollo no son nada alentadoras y, en el caso de México, son preocupantes: el país aún ocupa el último lugar de desempeño en el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) en asignaturas como matemáticas, lectura y ciencias.
La conclusión parece inevitable: un juguete o un juego por sí solo no basta para suplir deficiencias académicas estructurales, pero puede ser una útil herramienta en la lucha contra dicho rezago. Sobre todo si los padres no sólo se limitan a entregar el regalo e interactúan con los menores.
“No es una labor exclusiva de los sectores académicos estimular vocaciones científicas, pero si estos esfuerzos se multiplican vamos a tener un México diferente”, dijo José Franco López, del Instituto de Astronomía de la UNAM, durante la apertura del laboratorio interactivo BayLab en el Museo del Niño Papalote.
Este laboratorio, que funciona desde diciembre en el espacio Soy del museo en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec ocupa 50 metros cuadrados y contiene equipos profesionales de laboratorio con los cuales los niños hacen sencillos experimentos de física o química.
“Queremos atraer niños a la ciencia a través de los juegos y demostrar que es algo mucho más amplio y divertido”, comentó Kurt Soland, director general de Bayer México, empresa que importó a México el modelo del BayLab (funcionan cuatro en Alemania).
Christian Moire, director de contenidos educativos del museo, opinó que los niños son “científicos en potencia”, pues al formular preguntas e intentar responderlas “hacen ciencia en su casa y en la escuela”. Esa inquietud puede canalizarse en forma adecuada con visitas a espacios de experimentación como Papalote. Una alternativa similar es la del Museo de Ciencias Universum, de la UNAM, con conferencias, obras de teatro, talleres y recorridos temáticos para acercar a los niños a la ciencia. Ambos recintos cuentan con tiendas de recuerdos, con este tipo de objetos.
Fuera de los recintos culturales, la oferta de juegos y juguetes educativos en tiendas departamentales y especializadas o a través de la red es cada vez más amplia y variada; no sólo abarca los “tradicionales” microscopios o juegos de química, sino nuevos productos que hacen eco de recientes hallazgos de la ciencia.
¿Qué le parece fomentar la curiosidad infantil con un kit para realizar experimentos genéticos? ¿Prefiere regalarles un modelo del sistema solar, una bacteria de peluche con su ficha explicativa correspondiente o una estación meteorológica? O quizás la réplica fósil de un dinosaurio en miniatura para enterrarse en el jardín despierte la imaginación de los arqueólogos en ciernes.
El mejor regalo es aquel que ayuda a fomentar el conocimiento y la creatividad, sin importar su precio: “un telescopio, unos binoculares, todo aquello que haga cosquillas a la imaginación es bueno. Los peores son los que hacen todo y con los cuales los niños ni juegan ni se estimulan”, aconseja el doctor Franco.
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